EL ESPEJISMO DE LAS CIFRAS Y UN ESTADO SECUESTRADO
Ecuador atraviesa una esquizofrenia institucional sin precedentes. Por un lado, el Ejecutivo celebra un Riesgo País en mínimos históricos y Reservas Internacionales que rozan los USD 10.000 millones. Por otro, la realidad golpea con la crudeza de una vereda fría, donde el ciudadano duerme a la intemperie por un turno médico en hospitales que incumplen sistemáticamente la Ley Orgánica de Salud, convertidos en cascarones vacíos donde la falta de fármacos básicos es la única constante. Es la radiografía de un país quebrado en su dignidad, donde la macroeconomía es un éxito y la vida cotidiana un fracaso.
Resulta insultante presumir de solvencia financiera cuando el Estado ha sido cedido a la delincuencia organizada. La proliferación de microestados criminales no es solo una falla de seguridad; es el síntoma de una soberanía perdida que el Gobierno intenta recuperar mediante la firma compulsiva de Decretos de Estado de Excepción. Esta "excepcionalidad" permanente es la confesión oficial de que el Plan Fénix ha fallado en devolver el control ordinario a las instituciones. Sin una justicia que sentencie, la militarización de las calles es un paliativo costoso y estéril.
El sistema judicial ecuatoriano se encuentra hoy secuestrado por el narcotráfico. Las estructuras criminales han penetrado las cortes, evidenciando que jueces y fiscales operan bajo la nómina de las mafias, mientras el Consejo de la Judicatura demuestra una incompetencia administrativa que raya en la complicidad. Esta podredumbre judicial asegura que los esfuerzos del Bloque de Seguridad terminen en la impunidad de la "puerta giratoria".
Esta crisis es "bárbara" porque es sistémica. Tenemos una Asamblea Nacional mediocre y gobiernos seccionales que esconden su ineficiencia tras el populismo de tarima. ¿De qué sirven las reservas récord si no hay insumos en los quirófanos ni jueces honestos en las cortes? Un país no es una hoja de cálculo. A dos años de gestión, el mensaje es claro: el orden financiero es irrelevante si no recupera la integridad de la justicia y la salud pública. Sin ley y sin vida, la "mejora" oficial no es más que un espejismo estadístico sobre una nación que se desmorona.