EL DESPERTAR DEL APATISMO: ECUADOR ANTE LA FRACTURA DE SU ESTADO DE DERECHO
Ecuador se encuentra atrapado en una de las trampas más peligrosas para cualquier República: el anestesiante letargo del desinterés ciudadano frente al avance autocrático. La historia republicana nos ha enseñado que las democracias rara vez mueren de forma súbita; por el contrario, se desmoronan en silencio, arrebatadas por el cálculo quirúrgico de quienes ostentan el poder y por el preocupante «importamadrismo» de una población agotada que ha dejado de exigir lo mínimo a sus gobernantes.
Hoy, bajo la administración de Daniel Noboa, asistimos a un preocupante repliegue de las libertades fundamentales disfrazado de eficiencia táctica. El uso permanente de la narrativa del "Conflicto Armado Interno" ha servido para normalizar la excepcionalidad jurídica, mientras las calles siguen desprotegidas, los hospitales desabastecidos y las escuelas en el abandono. Sin embargo, el rasgo más alarmante de este giro autocrático no es solo la ineficacia en los servicios públicos, sino la sistemática captura de la disidencia.
La salud de una nación se mide por la independencia de sus árbitros y la libertad de sus contrapesos. Cuando el Consejo Nacional Electoral (CNE) y los tribunales actúan con celeridad quirúrgica para suspender y proscribir a las fuerzas políticas de oposición en la víspera de un proceso electoral crucial, el voto deja de ser una elección para convertirse en una preselección del régimen. Peor aún, cuando la fiscalización periodística —como las revelaciones del Caso Progen sobre la crisis energética— es silenciada mediante la persecución laboral y el amedrentamiento de los familiares de los comunicadores, el Estado de derecho se disuelve para dar paso a la venganza institucional. Perseguir a los hijos y esposas de quienes buscan la verdad es una práctica propia de autocracias autoritarias, no de un mandatario republicano.
Es hora de que la ciudadanía ecuatoriana despierte de su adormecimiento. Aceptar la impunidad y la asfixia democrática a cambio de promesas de seguridad incumplidas o videos efectistas en redes sociales es hipotecar el futuro de la nación. Exigimos con firmeza que el gobierno de Noboa respete las reglas del juego democrático, detenga la instrumentalización selectiva de la justicia y devuelva la neutralidad al Estado. La paz social no se construye silenciando periodistas ni proscribiendo partidos; se edifica con transparencia, institucionalidad y el respeto absoluto a la ley. El Ecuador no necesita un nuevo autócrata; urge ciudadanos despiertos dispuestos a defender su libertad.
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