miércoles, 7 de enero de 2026

 

EL NAUFRAGIO DE LAS FORMAS EN LA ASAMBLEA NACIONAL

El reciente espectáculo protagonizado en el pleno de la Asamblea Nacional marca un nuevo punto de inflexión en la degradación del debate parlamentario en el Ecuador. El cruce verbal entre legisladores del bloque oficialista ADN y de la Revolución Ciudadana no solo fue "salvaje" por su intensidad, sino por la precariedad intelectual y la bajeza ética de quienes, en teoría, ostentan la representación de la soberanía popular.

Es alarmante que un legislador, en el ejercicio de sus funciones, recurra a un lenguaje soez, ruin y descalificador para referirse a sus pares. Pero resulta aún más ofensivo para la inteligencia pública que dicho asambleísta, tras proferir insultos que lo sitúan en la periferia de la decencia y la educación, haya tenido el atrevimiento de compararse con Sócrates.

La comparación con el filósofo griego no es solo un error histórico o una falta de modestia; es una muestra de cinismo. Mientras Sócrates dedicó su vida a la búsqueda de la verdad a través del diálogo y la humildad intelectual —su célebre "solo sé que nada sé"—, el asambleísta en cuestión utilizó la palabra como un mazo para denigrar. El uso de la ironía socrática buscaba elevar al interlocutor hacia el conocimiento; el uso del lenguaje bajo en la Asamblea solo busca hundir al oponente en el fango de la descalificación personal.

Este incidente, ocurrido el 6 de enero de 2026 durante el debate de la Ley de Repetición, obligó incluso a la intervención de la escolta legislativa y a la suspensión de la sesión. No es un hecho aislado, sino el síntoma de una política que ha reemplazado los argumentos por los gritos y la dialéctica por la vulgaridad.

La ciudadanía asiste con estupor a este escenario donde la curul se convierte en un ring y la palabra en una ofensa. Un asambleísta que recurre al insulto traiciona su mandato. Si además pretende disfrazar su falta de educación con referencias filosóficas fuera de lugar, lo que hace es añadir el ridículo a la infamia.

La Asamblea Nacional urge de un baño de civismo y de un respeto mínimo por las formas. Sin respeto no hay debate, y sin debate la democracia es apenas una cáscara vacía donde el más fuerte o el más vulgar pretende imponer su verdad. El Ecuador merece legisladores a la altura de sus problemas, no ciudadanos que usen el poder para exhibir su propia carencia de valores y educación.

Abg. Carlos Eduardo Bustamante Salvador

Abogado Criminalista-Mediador

martes, 6 de enero de 2026

 

ECUADOR EN EL VORTICE DEL CAMBIO

 

La captura de Nicolás Maduro en Caracas por fuerzas estadounidenses marca no solo el fin de una era para Venezuela, sino el inicio de una reconfiguración sísmica para América Latina. En este escenario de alta tensión, Ecuador se encuentra en una posición inédita y estratégica. La administración de Daniel Noboa, lejos de la ambigüedad, ha consolidado una alianza con Washington que hoy, ante los ojos del mundo, posiciona al país como el ancla de estabilidad de la derecha en la región andina.

Para Ecuador, este alineamiento no es gratuito ni meramente ideológico; es una apuesta por la supervivencia institucional. El respaldo militar y técnico de Estados Unidos al "Plan Fénix" ha transformado la lucha contra el narcoterrorismo en una política de Estado con recursos reales. Sin embargo, este acercamiento conlleva un costo diplomático evidente: el aislamiento frente a vecinos como México y Colombia.

La relación con México, congelada en el tiempo desde el asalto a la embajada en 2024, parece no tener retorno bajo el mandato de Claudia Sheinbaum. No obstante, en la lógica de la actual geopolítica, Ecuador ha decidido que el costo de romper con el eje bolivariano y sus simpatizantes es un precio necesario para obtener la seguridad y el flujo comercial que Europa y Estados Unidos garantizan. Mientras México mantiene sus puertas cerradas, las exportaciones ecuatorianas hacia la Unión Europea alcanzan récords históricos, blindadas por un acuerdo comercial que trasciende las rencillas políticas.

El revés que muchos vaticinaban por el distanciamiento con Ciudad de México no se ha materializado en el bolsillo del exportador ecuatoriano, sino en la complejidad migratoria de quienes buscan el norte. Ecuador ha priorizado la seguridad interna y la apertura de mercados estables sobre la retórica de la "hermandad latinoamericana" que dominó la década pasada.

Hoy, con el control temporal de Venezuela en manos estadounidenses y un gobierno ecuatoriano subordinado a una estrategia de seguridad continental, el país se aleja definitivamente de la órbita de influencia de Rusia y China. El desafío para el Palacio de Carondelet será demostrar que esta "subordinación estratégica" se traduce en beneficios tangibles para el ciudadano de a pie y no en una pérdida de autonomía a largo plazo.

En este 2026, Ecuador ha elegido su bando. El éxito de esta apuesta dependerá de su capacidad para navegar un Caribe en pie de guerra y un continente que, tras la caída de Maduro, busca un nuevo equilibrio entre la bota militar, la democracia liberal y el libre comercio.