martes, 6 de enero de 2026

 

ECUADOR EN EL VORTICE DEL CAMBIO

 

La captura de Nicolás Maduro en Caracas por fuerzas estadounidenses marca no solo el fin de una era para Venezuela, sino el inicio de una reconfiguración sísmica para América Latina. En este escenario de alta tensión, Ecuador se encuentra en una posición inédita y estratégica. La administración de Daniel Noboa, lejos de la ambigüedad, ha consolidado una alianza con Washington que hoy, ante los ojos del mundo, posiciona al país como el ancla de estabilidad de la derecha en la región andina.

Para Ecuador, este alineamiento no es gratuito ni meramente ideológico; es una apuesta por la supervivencia institucional. El respaldo militar y técnico de Estados Unidos al "Plan Fénix" ha transformado la lucha contra el narcoterrorismo en una política de Estado con recursos reales. Sin embargo, este acercamiento conlleva un costo diplomático evidente: el aislamiento frente a vecinos como México y Colombia.

La relación con México, congelada en el tiempo desde el asalto a la embajada en 2024, parece no tener retorno bajo el mandato de Claudia Sheinbaum. No obstante, en la lógica de la actual geopolítica, Ecuador ha decidido que el costo de romper con el eje bolivariano y sus simpatizantes es un precio necesario para obtener la seguridad y el flujo comercial que Europa y Estados Unidos garantizan. Mientras México mantiene sus puertas cerradas, las exportaciones ecuatorianas hacia la Unión Europea alcanzan récords históricos, blindadas por un acuerdo comercial que trasciende las rencillas políticas.

El revés que muchos vaticinaban por el distanciamiento con Ciudad de México no se ha materializado en el bolsillo del exportador ecuatoriano, sino en la complejidad migratoria de quienes buscan el norte. Ecuador ha priorizado la seguridad interna y la apertura de mercados estables sobre la retórica de la "hermandad latinoamericana" que dominó la década pasada.

Hoy, con el control temporal de Venezuela en manos estadounidenses y un gobierno ecuatoriano subordinado a una estrategia de seguridad continental, el país se aleja definitivamente de la órbita de influencia de Rusia y China. El desafío para el Palacio de Carondelet será demostrar que esta "subordinación estratégica" se traduce en beneficios tangibles para el ciudadano de a pie y no en una pérdida de autonomía a largo plazo.

En este 2026, Ecuador ha elegido su bando. El éxito de esta apuesta dependerá de su capacidad para navegar un Caribe en pie de guerra y un continente que, tras la caída de Maduro, busca un nuevo equilibrio entre la bota militar, la democracia liberal y el libre comercio.

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