viernes, 29 de agosto de 2008

SOBERANIA LEGAL

Ninguna verdad política es ciertamente de mayor valor intrínseco, ni está autorizada por tan ilustres defensores del proyecto de constitución, en donde no es posible ocultar que existe la acumulación de todos los poderes, legislativo, ejecutivo y judicial, en las mismas manos, sean éstas de uno, de pocos o de muchos, constituyéndose con exactitud la definición misma de la tiranía.

La Constitución Política de un Estado vincula gobernantes y gobernados, con disposiciones jurídicas básicas y de gran generalidad, estructurando armónicamente los principios y normas, esto es la parte dogmática y la orgánica, imprimiéndoles sentido y sirviendo de criterio correcto para su exacta comprensión, principios que deben informar axiológicamente todo el ordenamiento constitucional y la hermenéutica del mismo, generando unidad y excluyendo resquicios. Respetar íntegramente los principios constitucionales es, en consecuencia, la clave para conservar la Constitución. Violar explícita o disimuladamente dichos principios, aunque sea pretextando circunstancias extraordinarias, es destruirla.

Montesquieu, manifestó que: "No puede haber libertad donde los poderes legislativo y ejecutivo se hallan unidos en la misma persona", o "donde todo el poder es ejercido por quienes lo poseen, los principios fundamentales de una constitución libre se hallan subvertidos."


La existencia y legalización de un gobierno democrático está en el juego leal y honesto que prepara al votante a tomar su decisión de manera libre y espontánea, alejándose francamente del uso exagerado del marketing social, ensalzando muchos sentimientos de orgullo, promoviendo muchos odios y temores, mintiendo y convenciendo de cosas muy alejadas de la realidad. Cargando sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque e infundiendo el temor y el miedo a la represión.

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